miércoles, 21 de octubre de 2009

Me ChuPa Un HueVo

Con la soltura que tiene el grosero rebelde, con la misma dirijo estas palabras al mundo que hace tres semanas me ha dado la espalda. No aprendo a jugar aquí, no sé barajar las salidas y ni percibo las llegadas. A veces de tonta tengo toda la cabeza, de inocente todo el pensamiento y de ilusionada el alma. ¡Mentiras y patrañas! Yo también las planté y no las entiendo. Estoy muy limpia para pasar desapercibida en la oscuridad.
Le reprocho mi soledad al portero de mi San edificio playboy III y me saltan lágrimas porque nadie me ha obligado a querer, a perdonar y, mucho menos, a soportar.
Hoy hay algo que me quema los dedos y son muchos los ojos que parecen estar esperando que no me ponga de pie. Me chupa un huevo y camino calcinada.

TiEmPOs


Tiempo de introspección. Dejo de temerle a no dejarme acompañar, a las horas extras que no están más, a lo que no se cumple y a la mediocridad que emana de mi. Me atrevo a probar eso que le encantaba porque lo mío es de otras manos: fieles, leales, con gracias, con gota del día a día, con el superar por centímetro, con las esperanzas de tramontina.
Positiva introspección porque la falta de compañía no obliga a cambiar. Tiempos de pies duros, de corazón sin tripas y de mejillas negras como el azúcar. Cataratas aunque el kiwi viejo no intoxique ni reconozca ideas.
Cuando me relaje, deje de pensar en que el tiempo me mira intimidante, me voy a transmutar como me dicen mis ángeles.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Mi MeNtE tiEnE mUcHa imAgiNaCiÓn


Si quiero cobayos, los encuentro. Más feminista no puede ser: es tan intolerante como mis hormonas, tan rebelde como Mariquita Sanchez de Thompson y tan celosa como la mordaza que no deja hablar.
Invento historias que consuelan. Una vez, cuando creía que todo lo podía, escuché que sin catarsis no hay tragedia: es necesario crear una imitación elevada que procure sólo dos tipos de afecciones: temor y compasión. Nunca es un estado, siempre es una acción. Hay sucesos que no se necesitan relatar.
Por eso ando inventando tanto barullo: para descargar, para temer, para aprender y no volver a equivocarme (o a toparme con la misma calaña).
Y no quiero pedir perdón por las lágrimas que me llevé...
¡ Y no hay atuendo que valga!