lunes, 13 de diciembre de 2010

VACÍO


Vacío. Eso que no llena nada ni nadie. Donde no hay bromas, no hay felicidad pero tampoco hay lágrimas ni llanto rotundo ;y ni siquiera tristeza.
Vacío. No se oye ni se siente nada, pero tampoco se llama silencio. Porque el silencio nos enseña y nos grita a su manera.
Vacío. Es mi vista fija, sin percatarme en las curvas o en los detalles.
Es tener la piel caliente, el alma helada.
Es encontrar, cada tanto y de cuando en vez, un minuto de pasión y preguntarme dónde estás, en qué andarás y si este vacío que yo siento a donde partiste es más complejo. Y si es que has partido, porque te vas de aquí pero no sé si para llegar a algún lugar ;quizás sólo al vacío.
Tal vez seas esa mariposa que te chocó esta mañana, tal vez fue para llevarse un pedazo de tu corazón.
Sea para lo que tal vez sea, no nos vamos a reencontrar. Tu mente va a aprender a vivir sin mí. Si te cruzo por la calle, no nos vamos a reconocer. Yo te seguiré recordando porque me quedo.
Vos, en algún sueño, de esos psicodélicos y de maletín que se acarrea al psicólogo, me vas a encontrar vagando, acariciándote, cantándote...
VACÍO :SABER QUE NOS HEMOS ENCONTRADO Y QUE NUNCA MÁS NOS VAMOS A MIRAR.

sábado, 4 de diciembre de 2010

DARSE CUENTA


Cantar a la mañana no significa atesorar las alegrías de ayer para colmar de felicidad todo el resto del día. Para reírse a carcajadas, hay que sensibilizarse y predisponerse a los vientos impalpables. Son sólo segundos y se van. A veces están horas esperándonos y no nos damos cuenta.
No sé qué es lo que quiero ser y soy algo que desconozco.
Para darse cuenta, hay que empezar a aceptar que nos han fallado y defraudado, mentido y saturado; y lo que es peor: hemos sido indiferentes por no enfrentar al dolor, que deja marcas pero fortalece la piel.
Sólo a través de él los años nos enseñan, las cosas fundamentales se distinguen de lo epidérmico de la cotidianeidad y la muerte se da cuenta que puede ser un recuerdo, pero nunca un destino.