La vida es una tragedia y, a la vez, un melodrama espantoso.
Un día te levantas al borde de cortarte las venas o tirarte del piso doce. Lo único que te frena, respectivamente, es el miedo al dolor o caer en el patio de la vecina del primero que se fue de vacaciones y vuelve en febrero.
La tristeza te inunda hasta que aparece una amiga y te dice que abandones los episodios infantiles al estilo de LA BALLENA JOSEFINA, que estás nadando en un vaso con agua y no en un mar.
Como si un culote rosa navideño fuera mágico, el aroma de diciembre vuelve a revolverte el estómago y retorna la felicidad.