Si algo sobró entre nosotros, fue la solemnidad. No nos volvamos a pedir eso; nosotros no nos vamos a casar. Quizás tengamos una choza en la Beni boliviana, con un criadero de hámsters y gatos persas. Con anzuelos para vender y mis libros en un mostrador. Pero nunca más algo de altar.
No soy del amor protocolar y de entrecasa.