¡No me importan las puertas!
Para mí, todo está hecho de ventanas: por donde entran las brisas, y también los amantes.
Entran las risas ajenas y los gritos huyen despavoridos.
Ingresan el amanecer y nuestro despertar, juntos; salgo volando por aquellos orificios cuando peleamos, entra el espíritu que amo cuando estás ausente.
¡Qué bellas sus formas!
¿Por qué no las pintamos de colores?
Los cantos de alegría rejuvenecen mi día a día, lo colma de tiempo; el andar de las palomas casi por el alféizar, inundan con sus besos las páginas de mis libros.
Mi ventana es mía, es mi oxígeno: respiro y te voy a abrazar.