Todos escribimos en las paredes y en las nubes que se convertirán en tormentas.
Escribimos porque no nos saben escuchar, porque queremos tecnología, porque discriminamos las atenciones de nuestras llamadas de auxilio y porque no perdemos la conciencia: sabemos a quien queremos llegar.
No quiero ponerme las pantuflas, voy a caminar descalza, voy a volver a sentir. Voy a gritar sin gesticular para los sordos se sepan esforzar para oírme.
Sentías paz y empecé a galopar, a huir. ¡No puedo dártela! Soy caótica y me equivoqué: yo no la necesito.
No necesito que las cosas estén bien y reparar en mis pensamientos; iré por todo el mundo, juntaré esas energías y las haré explotar. Si te quedas, si te vas, si me engañas o si estás... Puedo pensar pero no razonar; puedo amar pero no abandonarme.
¡No te pongas celoso de la vida! Ya te dije: hacer el amor no es fácil.