
Para cambiar las cosas, las posibilidades son infinitas, los límites son ilimitados y las lecturas millonarias. Para cambiar las cosas necesito ser joven porque tengo el pasado suficiente para proyectar; en mi vejez sólo voy a disfrutar del proyecto de hoy. ¿Cómo cambiar cuando acorralan los prejuicios? ¿Cómo cambiar si discrimino lo que no conozco por acobardarme ante lo distinto, sin animarme a hacerlo nuevo?. Jamás tu risa irónica podrá lastimarme ni, mucho menos, intimidarme. Conozco más porque caminé un poco más, me mostré y dejé que me mostrarán; obligue a mi destino a que me diera a elegir.
Siento que hoy es el momento de lanzarme de nuevo. Sé que muchas cosas faltan pero, quizás, son las que me irá dando el camino, la tierra, las lluvias y las quemaduras del sol. Quizás sean las cosas que estén para alcanzar (y no ser dadas).
Quiero todo el tiempo, quiero el entendimiento y una biblioteca llena de libros, quiero que el miedo comprenda que las chances son incontables (¡NO PUEDO PERDER LA OPORTUNIDAD DE EQUIVOCARME!) y se acueste a dormir, que descanse porque debe estar cansado.
Cambiar para construir: el presente me llena con esto las manos. Sacar, agregar,quitar o poner. Elegir o desertar. Cerrar los ojos y dejar de pensar. Pensar para incluir. Miles de cosas (si se las cuenta) pero que encuentran una juntada en un compartido ámbito: el de las ideas, haceres y decires. Sé que no puedo volver atrás pero puedo derrumbar y construir sobre esas marcas.