Los GRANDES hombres son para las GRANDES mujeres. Las que son como yo, que se mueven arrastrando la mitad, no sólo que se cruzan con hombres, sino que los merecen. Porque somos mitad putas, mitad moralistas, mitad inocentes, mitad amantes. En resumen, mitad mujeres. Caminamos con un pie y el mundo sólo nos puede mirar una parte de nuestro ser.
Por eso, sólo la perspectiva de ser mujeres y no grandes se la debemos al mundo.