He comenzado a vivir de nuevo, he dejado de aferrarme a nuestra forma de seguir.
Aceptando las ausencias sé que se puede ser sin estar; llegar a estar y no ser. He corrido sin moverme, he gritado sin mi voz, he reído odiando el tiempo y mi don de saber marcarlo, la alegría que forja luminosas repeticiones, el yo ahí y ahora aquí, lejos.
Lo que se atesora llega en cuentagotas, cuando no se es. Siempre estuve, siempre estoy pero siempre me pregunté si fui porque hoy estoy segura de lo que soy.
Vacía, aprendí a distraerme para postergar, para no escuchar los silencios y no permitirme llorar.
Sin embargo, vacía el cuentagotas aprendió a contar, empezó a moverse y a marcar. Inesperado.
Los pesebres no existen en la realidad. Él está no obstante no lo dejo ser, no de nuevo, nunca más.
Los pesebres no existen no obstante es el ideal.
Mis palabras que fueron están, pero las respuestas llegan desde lejos del pesebre y no me importa porque están empezando a ser. ¿Ya son?.
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